26.3.07

El primer índice.

Pasito a pasito se ha llegado al nanorrelato número cien. Todo comenzó un día en un zoco comprando regalada una vasija de barro.

He hablado de atardeceres; de segundos, minutos y horas; de relojes.

He hablado de montañas, de ríos y de mares.

He hablado de horizontes infinitos y pequeñas cosas que se podían tocar con la mano, como las pequeñas piezas de un puzzle que encajan a medida.

He cruzado fronteras; he marcado lugares mágicos; he descubierto pensamientos.

He sonreído; he reído y he llorado.

He sentido.

Me he hecho preguntas sobre el porqué de las cosas; sobre las estrellas y la luna; sobre la ventana y el pasar del tiempo.

He visto árboles, he visto caminos, he visto bosques que majestuosos me saludaban con el baile de sus hojas.

He notado la niebla ascender por entre las piedras y he contemplado el vuelo de un pájaro sobre mis pensamientos.

He gozado y he sufrido.

He hablado y he callado. He sentido el silencio y su belleza.

He contemplado el ayer; he visitado continuamente el hoy; he sentido acercarse el mañana.

He soñado. Sobre todo he soñado. Cada sueño se ha transformado en pensamiento, en palabra, en frase, en cuento. Y en cada historia, esos sueños se han hecho realidad.

He vivido cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día. He vivido cada experiencia que se acercaba a mí en forma de ilusión, de pensamiento y de palabra.

Vivir y soñar. Soñar y vivir. Viviendo mis sueños en realidades; y soñando mi vida en ilusiones.

He ahí la realidad. He aquí este primer índice compartido. Y con él llega el punto y a parte de esta historia. Punto y seguido de una vida.

Comenzará un nuevo párrafo, pero… eso ya es otra cosa. O tal vez lo mismo; porque tras esta noche, mañana amanecerá y será el mismo sueño; será el mismo latir, el mismo corazón, la misma maravillosa vida que de nuevo llama a la puerta.