Aquí comienza el cuarto relato. Suelen decir que no hay dos sin tres. Y el cuarto es siempre el olvidado.
En las olimpiadas, el primero sale en la foto con el oro; el segundo con la plata y mira a su compañero con una cierta envidia; el tercero se alegra de estar en el podio con el bronce. Pero el cuarto es siempre el olvidado.
Las trilogías tienen siempre un comienzo, un desarrollo y un final. Y tras él queda la cuarta parte que nunca verá la luz de la existencia.
La pareja se hace familia cuando nace su primer hijo. Ese tercero hace que la pareja se transforme. El cuarto no es el indispensable.
Hasta Dios es Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu. Trino, le llaman: uno en tres. No conoce el cuarto.
Éste es el cuarto relato. El inexistente; el olvidado. El que viene después del tercero. Pero con un valor fundamental: tras él, se posibilita el resto. Y nacerá el quinto, el sexto… y lo que pudo ser un trío… se hizo mucho más. Todo porque un día se escribió un cuarto.
A partir de hoy, todo existirá porque ha nacido este cuarto relato; sin contenido, sin importancia, sin esencia… Pero que hace posible todo lo que viene detrás. Esa es su grandeza.
He aquí el cuarto relato; y por ello será recordado.
16.12.05
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