15.12.05

El zoco

En el mercando árabe se vendía en cada puesto las cosas más sorprendentes. Los turistas recorrían las calles estrechas del zoco sintiendo los colores de las telas, el brillo de la plata y los olores de las especias. Cada vendedor gritaba buscando compradores y perseguía con continuos regateos a aquel que se paraba a preguntar por su mercancía. Del zoco siempre sales con las manos llenas y los bolsillos vacíos.

Pero al fondo del gentío, casi en los límites del mercado sobre el suelo había un puesto extraño. Un árabe sentado junto a una alfombra cuidaba unos recipientes de barro. La curiosidad llevaba a destapar uno de los pequeños tarros. Pero el hombre me lo impidió con la mano. “Ahí dentro está mi tesoro”.

“Pero, ¿como va a vender algo que no deja ver?” Estaba seguro que en ese puesto poco se había vendido a lo largo de la mañana… y ya el sol calentaba en lo alto.

“Mi mercancía no está en venta, es demasiado cara; pero yo la regalo”, dijo el árabe dejándome todavía más perplejo.

Sólo por llevarme un pedazo de ese misterio estaba dispuesto a pagar lo que me quedaba en el bolsillo.

El anciano me acercó un botecito de barro y me lo regaló.

“Es el contenido secreto de la vida”, y me recomendó disfrutarlo.

Fui al hotel; y en la habitación, como quien descubre un misterio quise abrir la tapa rudimentaria que cerraba la pequeña vasija de barro. Por fin sabría su contenido y con él, el valor de lo que me habían regalado.

Lo abrí, y sorprendido busqué en su interior…, pero estaba vacío.

Me sentí defraudado… Menos mal que al fin y al cabo no había pagado nada.

Pasó el día, y a la noche tuve un sueño.

Se me aparecía un ángel que sonriente me decía:

“El secreto de la vida es gratis pero costoso. Está oculto y si se intenta entender nos encontramos con el vacío.”

“El secreto de la vida está siempre encerrado en el barro. Y en el momento menos esperado nos lo regalan.”

“El secreto de la vida hay que cuidarlo porque si no se desvanece en el aire.”

“El secreto de la vida no es ostentoso y nos pasa desapercibido.”

“El secreto de la vida está en esa vasija de barro, míralo con los ojos verdaderos y lo descubrirás.”

Como quien sueña una pesadilla me desperté sobresaltado… y recordando las palabras del ángel fui corriendo al aparador de la habitación. Cogí la vasija; abrí la tapa de nuevo, miré dentro y entonces lo vi. Allí, escondido, estaba tiritando el Amor.

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