En el mercando árabe se vendía en cada puesto las cosas más sorprendentes. Los turistas recorrían las calles estrechas del zoco sintiendo los colores de las telas, el brillo de la plata y los olores de las especias. Cada vendedor gritaba buscando compradores y perseguía con continuos regateos a aquel que se paraba a preguntar por su mercancía. Del zoco siempre sales con las manos llenas y los bolsillos vacíos.
Pero al fondo del gentío, casi en los límites del mercado sobre el suelo había un puesto extraño. Un árabe sentado junto a una alfombra cuidaba unos recipientes de barro. La curiosidad llevaba a destapar uno de los pequeños tarros. Pero el hombre me lo impidió con la mano. “Ahí dentro está mi tesoro”.
“Pero, ¿como va a vender algo que no deja ver?” Estaba seguro que en ese puesto poco se había vendido a lo largo de la mañana… y ya el sol calentaba en lo alto.
“Mi mercancía no está en venta, es demasiado cara; pero yo la regalo”, dijo el árabe dejándome todavía más perplejo.
Sólo por llevarme un pedazo de ese misterio estaba dispuesto a pagar lo que me quedaba en el bolsillo.
El anciano me acercó un botecito de barro y me lo regaló.
“Es el contenido secreto de la vida”, y me recomendó disfrutarlo.
Fui al hotel; y en la habitación, como quien descubre un misterio quise abrir la tapa rudimentaria que cerraba la pequeña vasija de barro. Por fin sabría su contenido y con él, el valor de lo que me habían regalado.
Lo abrí, y sorprendido busqué en su interior…, pero estaba vacío.
Me sentí defraudado… Menos mal que al fin y al cabo no había pagado nada.
Pasó el día, y a la noche tuve un sueño.
Se me aparecía un ángel que sonriente me decía:
“El secreto de la vida es gratis pero costoso. Está oculto y si se intenta entender nos encontramos con el vacío.”
“El secreto de la vida está siempre encerrado en el barro. Y en el momento menos esperado nos lo regalan.”
“El secreto de la vida hay que cuidarlo porque si no se desvanece en el aire.”
“El secreto de la vida no es ostentoso y nos pasa desapercibido.”
“El secreto de la vida está en esa vasija de barro, míralo con los ojos verdaderos y lo descubrirás.”
Como quien sueña una pesadilla me desperté sobresaltado… y recordando las palabras del ángel fui corriendo al aparador de la habitación. Cogí la vasija; abrí la tapa de nuevo, miré dentro y entonces lo vi. Allí, escondido, estaba tiritando el Amor.
15.12.05
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