El reloj sigue avanzando inexorablemente en esta cuenta atrás.
Cada segundo que cae recuerda un día en este calendario del gastado dos mil seis.
Una página más en ese taco que nuevo fue estrenado hace un año y que ahora desgastado espera el último quejido, el último sonido lastimoso al arrancar la última página.
Sonarán los cuartos.
El primer cuarto me recordará esa primavera de luz que resurgió tras el invierno. Un abril lluvioso y un mayo soñado lleno de color y olores. Invasión de los sentidos.
El segundo cuarto sonará a estío. Un verano caluroso, implacable; relucientemente disparado en cada rayo de un sol que hizo ascender la temperatura de mi corazón. Sueños, sueños y más sueños casi tocados con las manos.
Suena el tercer cuarto. Habla septiembre. Y cae torrencial la lluvia. Me mojo y la llegada del otoño hace tambalear mi mente. Llueve, llueve, llueve… y esta lluvia moja hasta los huesos. Se caen las hojas y la vida se marchita entre mis manos. Ver morir una rosa es clavarse su espina entre los dedos de mis manos.
Suena el cuarto. El más cuarto de los cuartos. El único; el solitario. Y llega el invierno. El frío; el aire que golpea las mejillas. Tiritan los cuerpos. Y se sonrosan las caras. Tal vez nieva… o tal vez no.
El reloj sigue avanzando en esta cuenta atrás de algo que se acaba.
Termina un año; una página más de vida; una página más de recuerdos; una página más de destellos de luz… y de sombras…
No volverá jamás, como nunca volvieron aquellas golondrinas de tu balcón sus nidos a colgar; aquellas que aprendieron nuestros nombres.
No palpitará más este año, como no lo hace aquella tupida madreselva cuajada de rocío, cuyas gotas mirábamos temblar y caer como lágrimas del día…
El golpe, de una nueva campana; ésta más profunda, marca el inicio de algo nuevo y el fin de aquello que se gastó en el tiempo.
Je ne crois pas que j'y retournerai un jour.
Pourquoi?
Parce que… parce que… je ne crois pas.
Y en un suspiro de campana, el año se acaba.
C’est fini.















