Hay palabras que su sonido me evocan historias, personas, situaciones. Otras me recuerdan ideas, emociones, ilusiones. Y otras simplemente me traen a la mente otros pensamientos, no sé si por asociación o por el propio sonido de esa fusión entre consonantes y vocales. Yo les llamo las palabras mágicas del lenguaje.
Aprendiendo el italiano, encontré varias de estas palabras. Son mis palabras amigas de la península itálica. Son unas cuantas pero os voy a presentar un par de ellas.
“Farfalle”. La primera vez que oí esta palabra estaba delante de un plato de pasta. ¿Hay algo más típicamente italiano que la pasta? Cada forma tiene un nombre. Hay una pasta en forma de pajarita a la que llaman “farfalle”. Pero literalmente significa “mariposa”. Desde entonces miro el volar de las mariposas de manera diferente. Ya no hace falta encontrar una mariposa para verla; porque cierro los ojos y mentalmente me digo: “farfalle”. La repetición del sonido “f” me trae la imagen de ese batir de alas en el que las mariposas despliegan toda su energía transformada en color.
La otra palabra mágica es “ricominciare”. Nosotros lo traducimos por “volver a empezar” y nos recuerda esa película oscarizada de hace unos años. La Real Academia admite el “recomenzar”, pero casi, casi no lo usamos.
Cuando pienso en “ricominciare” pienso en la oportunidad mágica que me da la vida cada día de equivocarme porque la equivocación termina. Pienso además en la humildad de las cosas bien hechas, porque también el orgullo acaba. Todo acaba y nace un nuevo volver a empezar.
Sueño con la vida diaria como si fuese la preparación de una caja donde al atardecer meto dentro los acontecimientos de ese día: los buenos, los malos; las personas que he encontrado, las personas a las que no he visto; lo que he conseguido, lo que no conseguí; la ilusión, la apatía; la sonrisa, la lágrima… Y todo ello, metido en esa caja del día que marca la agenda, es envuelto en papel celofán; un papel bonito de regalo. A la caja embalada le ato unos globos de colores llenos de helio y asciende hasta perderse tras las nubes. Allí finaliza todo.
A la mañana siguiente despierto recordando ese sueño y encuentro a los pies de mi cama, una nueva caja abierta que rellenar. La miro, sonrío… y recuerdo: ¡Ah! Volver a empezar. “Ricominciare”.
Aprendiendo el italiano, encontré varias de estas palabras. Son mis palabras amigas de la península itálica. Son unas cuantas pero os voy a presentar un par de ellas.
“Farfalle”. La primera vez que oí esta palabra estaba delante de un plato de pasta. ¿Hay algo más típicamente italiano que la pasta? Cada forma tiene un nombre. Hay una pasta en forma de pajarita a la que llaman “farfalle”. Pero literalmente significa “mariposa”. Desde entonces miro el volar de las mariposas de manera diferente. Ya no hace falta encontrar una mariposa para verla; porque cierro los ojos y mentalmente me digo: “farfalle”. La repetición del sonido “f” me trae la imagen de ese batir de alas en el que las mariposas despliegan toda su energía transformada en color.
La otra palabra mágica es “ricominciare”. Nosotros lo traducimos por “volver a empezar” y nos recuerda esa película oscarizada de hace unos años. La Real Academia admite el “recomenzar”, pero casi, casi no lo usamos.
Cuando pienso en “ricominciare” pienso en la oportunidad mágica que me da la vida cada día de equivocarme porque la equivocación termina. Pienso además en la humildad de las cosas bien hechas, porque también el orgullo acaba. Todo acaba y nace un nuevo volver a empezar.
Sueño con la vida diaria como si fuese la preparación de una caja donde al atardecer meto dentro los acontecimientos de ese día: los buenos, los malos; las personas que he encontrado, las personas a las que no he visto; lo que he conseguido, lo que no conseguí; la ilusión, la apatía; la sonrisa, la lágrima… Y todo ello, metido en esa caja del día que marca la agenda, es envuelto en papel celofán; un papel bonito de regalo. A la caja embalada le ato unos globos de colores llenos de helio y asciende hasta perderse tras las nubes. Allí finaliza todo.
A la mañana siguiente despierto recordando ese sueño y encuentro a los pies de mi cama, una nueva caja abierta que rellenar. La miro, sonrío… y recuerdo: ¡Ah! Volver a empezar. “Ricominciare”.
1 comentario:
Farfalle... sí, me resultó evocadora desde un principio, desde que la profesora de italiano me arrojó la tiza cuando identifiqué esa pasta como haría cualquier hispano: "lacitos".
La profesora erró, pero en mi cabeza se instaló una simbólica cicatriz. Farfalle es como llamo desde entonces a los "lacitos" de antaño, y a la vez mis neuronas recorren el surco de la cicatriz.
Farfalle... sí, evocador.
Publicar un comentario