Un día escuché una canción que movió mi corazón. Sentía que los años de la ilusión se acababan y que la utopía era irrealizable en todos los sentidos. Es lo que muchos llaman “dejar de ser joven y hacerte mayor”. Ves el mundo desde el realismo de la monotonía y te das cuenta que los ideales deben dejar paso a las realidades.
Escuchar de vez en cuando una música que suena distinto y que te cuestiona “por qué esto que es lo normal debe ser precisamente lo normal”… me hace pensar que todo puede ser como yo quiera que sea. En agradecimiento a ellos, a los que cantan y mueven el corazón y a la vez son concretos, he querido hacer la humilde versión relatada de lo que las notas cantan en armonía.
Escuchar de vez en cuando una música que suena distinto y que te cuestiona “por qué esto que es lo normal debe ser precisamente lo normal”… me hace pensar que todo puede ser como yo quiera que sea. En agradecimiento a ellos, a los que cantan y mueven el corazón y a la vez son concretos, he querido hacer la humilde versión relatada de lo que las notas cantan en armonía.
Gracias Mara-Mara.
Oigo una cadena de palabras cantadas: Recordar, olvidar, soñar, luchar, imaginar, realizar. Ahí van mis pensamientos encadenados.
Recuerdo haber estudiado Hiroshima y Auschwitz. Recuerdo las guerras que llenaban los libros de historia en octavo de EGB; y las otras guerras que vi por televisión. Recuerdo las torres caerse ante mis ojos en Nueva York. Recuerdo las luces mortales que recorrían zigzagueantes la noche de Bagdad. Recuerdo la noticia catastrófica que hoy invade la realidad de la primera página del periódico. Recuerdo lo que pasó ayer y antes de ayer.
Recuerdo miradas de odio; palabras acusadoras; silencios inhumanos de apatía, ignorancia e indiferencia.
Recuerdo que somos capaces de odiarnos por nuestro color. Recuerdo incomprensión a lo distinto. Recuerdo segregación de lo diverso. Recuerdo hechos y palabras cuya esencia es un “contra”.
Recuerdo ver con mis ojos injusticias del cada día; que gana el que más puede; que nos olvidamos unos de otros; que el egoísmo es más fuerte que el amor.
Recuerdo que alguna vez me dijeron “y a ti qué te importa”. Recuerdo haber dicho unas cuantas veces “a mí no me interesa”.
Son recuerdos que nos hacen perder la ilusión de unos ojos brillantes y limpios mirando el horizonte inmenso de un amanecer sobre el mar.
Quisiera olvidar los recuerdos.
Una noche olvidar que todo esto sucede; soñar con cosas nuevas y despertar habiendo olvidado todos los recuerdos. Olvidar borrando de la mente lo malo; y una mañana abrir la puerta de mi habitación a un mundo nuevo visto con ojos distintos llenos de inocencia e ilusión. Quisiera hasta olvidar el color de mis ojos para así descubrirlos como nuevos. Y poder con ellos, ver todo como nunca lo vi.
Esa mañana, quisiera comenzar a luchar por cambiar aquello que está a mí alrededor. Mirar y sonreír como si fuese una única cosa. Hablar y amar como si ello fuera unido. Escuchar y abrazar como si fuera un único acto.
Luchar hasta desfallecer de cansancio y sentir como único peso ese cansancio de la lucha ilusionada.
Imagino que un día seré capaz de olvidar el odio; que olvidaré miradas de acusación, de injusticias cotidianas. Imagino que un día lo normal será haber olvidado esto. Y que juntos todos miraremos al mismo sol que nos ilumina desde el cielo despejado.
Imagino una utopía realizada.
Algunos ven las cosas como son; ven esos recuerdos oscuros ante sus ojos y se preguntan “¿por qué?”. Yo prefiero soñar con mis utopías y decirme “¡por qué no!”.
Si piensas que mi sueño es sólo un sueño estúpido e irrealizable, no te voy a pedir que me entiendas o que apuestes por creértelo; simplemente te pido que, por favor, no hagas demasiado ruido al lado de mi cama, no vayas sin querer a despertarme.
Oigo una cadena de palabras cantadas: Recordar, olvidar, soñar, luchar, imaginar, realizar. Ahí van mis pensamientos encadenados.
Recuerdo haber estudiado Hiroshima y Auschwitz. Recuerdo las guerras que llenaban los libros de historia en octavo de EGB; y las otras guerras que vi por televisión. Recuerdo las torres caerse ante mis ojos en Nueva York. Recuerdo las luces mortales que recorrían zigzagueantes la noche de Bagdad. Recuerdo la noticia catastrófica que hoy invade la realidad de la primera página del periódico. Recuerdo lo que pasó ayer y antes de ayer.
Recuerdo miradas de odio; palabras acusadoras; silencios inhumanos de apatía, ignorancia e indiferencia.
Recuerdo que somos capaces de odiarnos por nuestro color. Recuerdo incomprensión a lo distinto. Recuerdo segregación de lo diverso. Recuerdo hechos y palabras cuya esencia es un “contra”.
Recuerdo ver con mis ojos injusticias del cada día; que gana el que más puede; que nos olvidamos unos de otros; que el egoísmo es más fuerte que el amor.
Recuerdo que alguna vez me dijeron “y a ti qué te importa”. Recuerdo haber dicho unas cuantas veces “a mí no me interesa”.
Son recuerdos que nos hacen perder la ilusión de unos ojos brillantes y limpios mirando el horizonte inmenso de un amanecer sobre el mar.
Quisiera olvidar los recuerdos.
Una noche olvidar que todo esto sucede; soñar con cosas nuevas y despertar habiendo olvidado todos los recuerdos. Olvidar borrando de la mente lo malo; y una mañana abrir la puerta de mi habitación a un mundo nuevo visto con ojos distintos llenos de inocencia e ilusión. Quisiera hasta olvidar el color de mis ojos para así descubrirlos como nuevos. Y poder con ellos, ver todo como nunca lo vi.
Esa mañana, quisiera comenzar a luchar por cambiar aquello que está a mí alrededor. Mirar y sonreír como si fuese una única cosa. Hablar y amar como si ello fuera unido. Escuchar y abrazar como si fuera un único acto.
Luchar hasta desfallecer de cansancio y sentir como único peso ese cansancio de la lucha ilusionada.
Imagino que un día seré capaz de olvidar el odio; que olvidaré miradas de acusación, de injusticias cotidianas. Imagino que un día lo normal será haber olvidado esto. Y que juntos todos miraremos al mismo sol que nos ilumina desde el cielo despejado.
Imagino una utopía realizada.
Algunos ven las cosas como son; ven esos recuerdos oscuros ante sus ojos y se preguntan “¿por qué?”. Yo prefiero soñar con mis utopías y decirme “¡por qué no!”.
Si piensas que mi sueño es sólo un sueño estúpido e irrealizable, no te voy a pedir que me entiendas o que apuestes por creértelo; simplemente te pido que, por favor, no hagas demasiado ruido al lado de mi cama, no vayas sin querer a despertarme.
4 comentarios:
Jorge, es un texto maravilloso, no cabe duda de que detrás de él hay un corazón enorme que ama, que nos quiere dar un toque a la reflexión, que tú también reflexionas lo que haces, te cuestionas, nos cuestionas. Eres grande, Jorge.
Gracias por la dedicatoria por la parte que me toca, sabes cómo hacer sentir bien a alguien.
No dejes de escribir, tus regalos son estupendos.
Muchas gracias Jorge, un relato precioso que me ha tocado cerca. Es una gozada saber que con nuestras canciones llegamos y cuestionamos a la gente. Es nuestra mision, no?
Un besote!
Si, todo esto es muy bonito, pero Jorge, no crees que para reescribir estas letras primero hay que creerselas uno mismo?. Estás palabras están en el día a día, en el saludo desde el corazón en la mañana y lo mismo en la despida con ese mismo corazón en la noche, sin diferenciar a quien se le dá. La escritura es fácil cuando se hace sólo para que se nos vea lo bueno, pero.... y la parte negativa de nosotros mismos?. Jorge esta crítica unicamente es para que analices todo desde el espíritu y la ética. UN ABRAZO. ENEKO.
Curioso.. curioso... He leído el comentario de Eneko. Y después de leerlo 10 veces... y de pensar cada palabra... te diré... que en cierta forma tienes razón. Pero no sé... Pienso que uno cree lo que quiere creer... y en muchos casos las creencias más que realidades son deseos profundos. Quien me conoce de verdad sabe que mi intención desde el saludo de la mañana hasta la despedida en la noche es esa... Otra cosa son los resultados... que unos días son pocos y otros días ínfimos. Pero creo que hasta de los errores (sean de palabra, obra u omisión) se aprende... y que la intención y los intentos por mejorar son en el fondo lo que cuenta. La parte negativa de nosotros mismos evidentemente existe; pero la luz existe porque existe la oscuridad. Yo, al menos en mí, no me atrevo a negar esa oscuridad... Pero te digo desde dentro que mi intención al escribir no es que se vea sólo lo bueno de mí... eso sería absurdo e irreal. No me suele gustar hablar de conceptos abstractos como espíritu o ética (aunque los considero importantes)pero... con sinceridad te diría que desde mi primer saludo de la mañana hasta que me duermo... intento superarme. Que lo consigo... evidentemente muchos días no... y ten la seguridad de que soy yo mismo el que peor me juzgo... Si me conocieras bien sabrías que esto que te digo de mí mismo es verdad... Pero no por mirar los resultados míseros que me apartan de la utopía, voy a dejar por eso de soñar en la utopía. A todo esto me refería en mis palabras. Si me preguntas si me las creo... te responderé que DEFINITIVAMENTE SI. Si me preguntas si las vivo... te diré que SIMPLEMENTE lo intento, siendo consciente de que en la mayoría de las ocasiones no lo consigo. Seas quien seas, Eneko, me has hecho pensar... y te lo agradezco, infinitamente... Te devuelvo el abrazo. Sé consciente de que esa "despedida en la noche" de la que hablas, este último acto que cierra la jornada, esta última palabra de este día concreto, hoy es para ti. Jorge.
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