El mar hoy está en calma. La brisa casi sofocada trae un olor a sal que penetra en el interior de mi mente trayendo recuerdos. El sol brillando en el cielo refleja en las aguas brillos espumosos que hacen de esta llanura un gran diamante de innumerables tonos diversos. Y en la lejanía un pesquero cruza la línea del horizonte.
¡Cuántas mañanas había sentido estas mismas sensaciones, en soledad y en compañía!
Recuerdo cómo de niño correteaba por la playa manchándome de arena mojada escapando del ir y venir de las olas que rompían ruidosas sobre esta tierra deshecha en granos. A lo lejos, el acantilado recibía el viento impetuoso sobre su muro de piedra.
En mi juventud se hacían habituales los paseos con un libro entre las manos en los atardeceres tranquilos. Y dejaba la lectura a un lado para detenerme ante la línea increíblemente bella del ocaso. ¿Hay mejor poesía que el sol muriendo en el horizonte infinito del mar?
También fue junto al mar donde mi corazón tembló ante la persona a la que quise. Sus ojos reflejaban el brillo marino del agua que sonreía en su ir y venir continuamente empujada por el viento que soplaba desde la lejanía. Sus cabellos ondeaban en la brisa absorbiendo la sal que se elevaba en el choque de la ola en tierra. Su sonrisa marcaba un destello de ese sol que lento caía hacía el horizonte infinito de la vida.
Un pesquero cruzaba la línea lejana, lento y distante, monótono y silencioso, pero constante y persistente.
Hubo días de tormenta, de inquietudes, de tempestades en las que la lluvia salpicaba el mar embravecido que ruidoso rugía como león herido. Las rocas gemían en el acantilado y el viento golpeaba mi cara con violencia. En soledad grité que no; que no quería aquello; que dudaba y que prefería la soledad tranquila del mediodía. El sol se ocultó inexistente y el tiempo se eternizó.
Hoy, con el mar en calma, con esta brisa casi sofocada en su olor a sal, con el sol brillando en el cielo y reflejado en las aguas del diamante de reflejos de color, pienso que aquella noche no fui valiente, que no creí en la fuerza del corazón y que dije que no. Y pienso en los momentos en los que pude volver mi paso atrás y sentarme en la piedra del sí que estaba junto al camino; pero no lo hice. Hoy me doy cuenta que hubo un momento en el que la indecisión se volvió decisión y en el que el sol desapareció en el ocaso en un bello atardecer. Ese día acabó, y el presente se rasgó en el horizonte convirtiéndose en ayer. Sonó una campana en el pueblo y cansado dormí tumbado en la arena. Soñé sueños que había elegido no vivir. A la mañana siguiente cuando desperté miré al mar con la tristeza en el brillo de mis ojos.
En la lejanía un pesquero cruzaba la línea del horizonte.
3 comentarios:
Me ha gustado tu experimento. Lo has bordao. Eskerrik asko.
txemi
Im presionante. Lo que no me explico es como un hombre de interior,osea, del país de las patatas, haya podido hacer una descripción maritima como esta.
¡¡Serán los dones que da Dios!!!!
Besarkada 1!!
pablo.
Ahhh, se me olvido decirlo:
Apruebame por favor!!!
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