“Maestro, hoy me siento triste y no quiero demostrarlo a mi alrededor. ¿Cómo puedo hacerlo?”
Los ojos del discípulo reflejaban algún dolor reciente. Brillaban casi en la oscuridad y se volvían vidriosos. Su voz temblaba y no era firme y sus manos no sabían donde descansar tranquilas. Algo le dolía.
El maestro le dijo:
“A veces nos mostramos fríos como el hielo, pero por dentro nos desbordan los sentimientos. Las personas que demuestran abiertamente lo que sienten las calificamos de blandengues y excesivamente pasionales”.
“Quisiéramos controlarnos a nosotros mismos para que los demás no descubran nuestras preocupaciones. Pero eso es como dominar un caballo salvaje. Y aunque a veces encontramos la técnica de maquillar nuestro rostro, el fondo de nuestros ojos siempre transmite el reflejo de nuestro corazón”.
“Las costumbres humanas, las reglas de la ciudad, nos piden que nos amoldemos a patrones hechos en los que los sentimientos están muchas veces prohibidos”.
“Fíjate en los niños. Cómo corretean; cómo saltan, ríen y lloran; cómo se emocionan con las cosas más ínfimas del universo. Son así, porque son transparentes”.
“Más tarde, cuando crecen dejan sus juegos de niños y se amoldan a las tradiciones”.
“Una de esas tradiciones dice que llorar no es de hombres y que la rudeza del guerrero se basa en su gélida frialdad”.
“Pero recuérdalo bien, lo primero que aprendiste en este mundo fue a llorar”.
Una lágrima asomaba temblorosa en la pupila del discípulo y derramándose con paciencia limpió su rostro dejando tras de sí un reguero de paz salada.
26.3.06
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3 comentarios:
"Pero recuérdalo bien, lo primero que aprendiste en este mundo fue a llorar"
Magnífica frase.
Un saludo
txemi
El de hoy es el que más me ha gustado en tiempo
un saludo
robe
Me adhiero a Txemi cuando dice que "Pero recuérdalo bien, lo primero que aprendiste en este mundo fue a llorar" es una magnífica frase.
Y yo, si se me permite, la aderezaría del modo siguiente: "Pero recuérdalo bien, lo primero que aprendiste en este mundo fue a llorar... porque lo primero que te hicieron fue darte una hostia por la espalda".
¡Saludos!
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