30.3.06

¿Por qué tiemblan las estrellas?

Hay cosas que siempre vemos y que nunca admiramos. En esta tierra norteña donde el sol calienta poco y la lluvia pertinaz colorea de verde las montañas, no estamos habituados a gozar con una noche clara salpicada de estrellas en su manto.

La vida urbana con su luz omnipresente refleja en nuestras pupilas un destello incesante de una burbuja de colores. Metidos bajo este arco de luz no podemos percibir los puntitos brillantes que existen en el horizonte negro de la noche.

Y sin embargo ahí están, siempre, en su mayoría de veces ocultas, pero no por ello inexistentes.

Son lejanas, medidas a distancias de años luz; medidas a distancias de sí mismas. La luz se mide en distancias de luz. Y armoniosamente bailan titubeantes en la soledad nocturna de una noche sin luna.

Hoy he hecho la prueba y alejándome del ruido, de la luz que nos fabricamos, he buscado la tranquilidad de un paisaje inexistente. En vez de mirar al oscuro fondo he alzado la vista y encorvando hasta el límite la concavidad de mis pupilas he comenzado a verlas. Una, dos, cientos, mil. ¿Quién puede contarlas? Ahí están mis estrellas, todas con un nombre, todas con una historia, todas con una existencia perdida en los confines infinitos del universo.

Dicen que son grandes pero brillan menos que el sol que nos inunda a mediodía. Dicen que tienen un gran fuego ardiente pero no siento su calor en el frío de la noche.

Y sin embargo, tiemblan titubeantes en ritmos acompasados como un árbol de navidad. Parecen pequeños reflejos de color que me hacen sentirlas más intensas, de otro color al transparente. Se apagan por un momento y en un instante renacen en un brillo espectacular que salpica el negro del cielo.

¿Por qué tiemblan las estrellas? Tal vez se saben indefensas ante el frío de la noche. Tal vez lloran por la efímera existencia de un mundo que ven desde lo alto de la eternidad. Tal vez suplican una llamada de atención para ser la estrella especial que sobresale del cúmulo de pequeñas luces.

¿Tiemblan por ellas o por nosotros?

De repente, una estrella perdida en el más allá me saluda con un pequeño estremecimiento en su luz. Me guiña un ojo y me tiende una mirada de matices. Es mi compañera; es el reflejo de mi existencia. Mañana cuando la busque no podré diferenciarla del resto. Y sin embargo sabré que está ahí; siempre persistente, mi estrella amiga.

Emborrachado de estos pensamientos deslizo mi coche por la carretera. Tras la colina, un reflejo de luz mancha el cielo borrando las estrellas. Ahí está la ciudad. El negro se vuelve del gris brillante que emerge de nuestro mundo. En su horizonte no hay estrellas temblorosas. En pocos minutos la luz de un semáforo rojo cierra el paso a mi libertad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias Jorge, es como si hubieras entrado en mis pensamientos y en mis propias vivencias. Quién sabe, quizá algún día nos ha guiñado la misma estrella y nos ha hecho sentirnos aún más cerca.
Besos, Rosa