Mi vida está hecha de metas y sueños. Las realidades a veces difieren de esos sueños, pero son pasos adelante en este camino por la senda, a veces llana y otras empinada de la vida.
De pequeño soñaba con coches de bomberos de un rojo intenso, con trenes de maqueta, con ejércitos de plástico que conquistaban el mundo… ¡Cómo sería la vida si toda ella fuese un juego continuo! Si tuviese todos los juguetes de la tierra y el tiempo para disfrutarlos…
Más adelante me apasionó la lectura. Cada libro que caía en mis manos era devorado con la pasión del que descubre misterios entre las páginas. Poesía becqueriana, cuentos cervantinos, metáforas quevedianas, dulzura entristecida de Miguel Hernández… Si pudiese leer todos los libros del mundo, si tuviese en mis manos el poder de descubrir los corazones de aquellos que escriben palabras, si escribiese yo mis sentimientos…
El devenir me hizo elegir un camino tras otro; comenzar retos nuevos y planteamientos distintos. Me hizo cerrar etapas y abrir periodos nuevos. Me hizo estudiar; aprender realidades que nacían del conocimiento y de la vida. Si pudiese elegir cada rincón de mi existencia, si pudiese entender el plan vital que me rodea, si viese el sentido a cada una de las acciones…
Hubo un momento en mi vida en el que viví otras culturas, aprendí otro lenguaje, me crucé con personas de otras realidades. Descubrí que mi mundo no es el centro del universo y que nuestros esquemas son una construcción cultural de un entorno determinado. Vi la belleza de lo diferente. Si pudiese comunicarme en todas las lenguas del mundo, si conociese todas las maneras de vivir y pensar distintas a las mías, si abriese mi mente a todo el universo…
He conocido gente que ha pasado por mi existencia; algunos permanecen; algunos son recién llegados; otros simplemente quedan en el recuerdo de lo vivido un día que ya acabó en el ocaso. Si pudiese recordar todos los nombres, todas las caras, todas las historias; si pudiese mantener viva en mí la llama de aquellos que modificaron mi historia…
He elegido ideas. Me he hecho planteamientos de valores y fundamentos que cimientan mi manera de hablar, callar, pensar y vivir. He vivido realidades elegidas que me miran desde lo insondable, desde la inmensidad de lo infinito. Si pudiese encontrar la perfecta coherencia; si todo dentro de mí hiciese es clac del engranaje perfectamente amoldado…
Me he mirado al espejo y a veces he sufrido con lo que veía, he soñado con la ilusión y he gozado con el resultado de aquello que me miraba desde el cristal que me reflejaba. Si pudiese mantener esa mirada penetrante de mis ojos reflejados en mis propios ojos; si conociese todos los secretos de mi alma…
Sin embargo en mis momentos de soledad acompañada, en una tarde de un ocaso límpido, me pregunto qué permanece tras el ponerse de un sol que ilumina cada día; qué queda tras la carrera cotidiana de la vida; y me digo si todo aquello que embarga mis preguntas llenas de condicionales encontrarán una respuesta final.
Si consiguiese que mi vida fuese un eterno juego continuo; si en cada página descubriese los secretos de las palabras; si pudiese entender el plan vital que me rodea; si pudiese hacer mía cada cultura del mundo; si pudiese mantener viva en mí la llama de aquellos que modificaron mi historia; si pudiese encontrar la perfecta coherencia; si pudiese mantener esa mirada penetrante de mis ojos reflejados en mis propios ojos… si pudiese hacer todo eso sin mover ni un solo músculo de mi corazón, me daría cuenta que no conseguiría nada aunque lo consiguiese todo. Sería una máquina infernal de perfección que gira en un engranaje perfecto sin sentir el sonido vibrante de un latido de mi corazón.
Porque tras ese ocaso bello de cada día resplandece la belleza de un amor que ha inundado cada rayo del sol; un amor que saltará en cada brillo titubeante de las estrellas en la noche. Sólo el amor vivido quedará. Entonces cada pequeñez de la existencia se volverá un juego intenso; cada página que escriba o lea será el reflejo de un sentimiento amoroso por la existencia; el plan de vida se plasmará en cada instante con las sorpresas del momento; aquello que es distinto a mí se volverá mío porque así lo quiero; aquellos que modificaron mi historia quedarán en el recuerdo porque me enseñaron a descubrir al amor en cada gesto; la coherencia será el ejercicio de libertad de un “ama y haz lo que quieras”; las equivocaciones cobrarán sentido y los aciertos serán reflejos de una luz que me ilumina desde arriba; mis ojos brillarán siempre al sentirse reflejados en el espejo de una existencia basada en el principio de que lo único que queda y lo único importante es “amar en todas sus expresiones”.
Sé con humildad que esto no lo conseguiré jamás, pero quiero caminar por esta senda en la que uno se encuentra conmigo mismo y con aquellos que me rodean en este juego de relaciones donde la aspiración a una ilusión cuenta tanto o más que una realidad patente. Porque no hay sendas en el horizonte y cada rayo del sol que se está poniendo cruza el firmamento que está ante mis ojos como realidad de “aquello que siempre queda”.
De pequeño soñaba con coches de bomberos de un rojo intenso, con trenes de maqueta, con ejércitos de plástico que conquistaban el mundo… ¡Cómo sería la vida si toda ella fuese un juego continuo! Si tuviese todos los juguetes de la tierra y el tiempo para disfrutarlos…
Más adelante me apasionó la lectura. Cada libro que caía en mis manos era devorado con la pasión del que descubre misterios entre las páginas. Poesía becqueriana, cuentos cervantinos, metáforas quevedianas, dulzura entristecida de Miguel Hernández… Si pudiese leer todos los libros del mundo, si tuviese en mis manos el poder de descubrir los corazones de aquellos que escriben palabras, si escribiese yo mis sentimientos…
El devenir me hizo elegir un camino tras otro; comenzar retos nuevos y planteamientos distintos. Me hizo cerrar etapas y abrir periodos nuevos. Me hizo estudiar; aprender realidades que nacían del conocimiento y de la vida. Si pudiese elegir cada rincón de mi existencia, si pudiese entender el plan vital que me rodea, si viese el sentido a cada una de las acciones…
Hubo un momento en mi vida en el que viví otras culturas, aprendí otro lenguaje, me crucé con personas de otras realidades. Descubrí que mi mundo no es el centro del universo y que nuestros esquemas son una construcción cultural de un entorno determinado. Vi la belleza de lo diferente. Si pudiese comunicarme en todas las lenguas del mundo, si conociese todas las maneras de vivir y pensar distintas a las mías, si abriese mi mente a todo el universo…
He conocido gente que ha pasado por mi existencia; algunos permanecen; algunos son recién llegados; otros simplemente quedan en el recuerdo de lo vivido un día que ya acabó en el ocaso. Si pudiese recordar todos los nombres, todas las caras, todas las historias; si pudiese mantener viva en mí la llama de aquellos que modificaron mi historia…
He elegido ideas. Me he hecho planteamientos de valores y fundamentos que cimientan mi manera de hablar, callar, pensar y vivir. He vivido realidades elegidas que me miran desde lo insondable, desde la inmensidad de lo infinito. Si pudiese encontrar la perfecta coherencia; si todo dentro de mí hiciese es clac del engranaje perfectamente amoldado…
Me he mirado al espejo y a veces he sufrido con lo que veía, he soñado con la ilusión y he gozado con el resultado de aquello que me miraba desde el cristal que me reflejaba. Si pudiese mantener esa mirada penetrante de mis ojos reflejados en mis propios ojos; si conociese todos los secretos de mi alma…
Sin embargo en mis momentos de soledad acompañada, en una tarde de un ocaso límpido, me pregunto qué permanece tras el ponerse de un sol que ilumina cada día; qué queda tras la carrera cotidiana de la vida; y me digo si todo aquello que embarga mis preguntas llenas de condicionales encontrarán una respuesta final.
Si consiguiese que mi vida fuese un eterno juego continuo; si en cada página descubriese los secretos de las palabras; si pudiese entender el plan vital que me rodea; si pudiese hacer mía cada cultura del mundo; si pudiese mantener viva en mí la llama de aquellos que modificaron mi historia; si pudiese encontrar la perfecta coherencia; si pudiese mantener esa mirada penetrante de mis ojos reflejados en mis propios ojos… si pudiese hacer todo eso sin mover ni un solo músculo de mi corazón, me daría cuenta que no conseguiría nada aunque lo consiguiese todo. Sería una máquina infernal de perfección que gira en un engranaje perfecto sin sentir el sonido vibrante de un latido de mi corazón.
Porque tras ese ocaso bello de cada día resplandece la belleza de un amor que ha inundado cada rayo del sol; un amor que saltará en cada brillo titubeante de las estrellas en la noche. Sólo el amor vivido quedará. Entonces cada pequeñez de la existencia se volverá un juego intenso; cada página que escriba o lea será el reflejo de un sentimiento amoroso por la existencia; el plan de vida se plasmará en cada instante con las sorpresas del momento; aquello que es distinto a mí se volverá mío porque así lo quiero; aquellos que modificaron mi historia quedarán en el recuerdo porque me enseñaron a descubrir al amor en cada gesto; la coherencia será el ejercicio de libertad de un “ama y haz lo que quieras”; las equivocaciones cobrarán sentido y los aciertos serán reflejos de una luz que me ilumina desde arriba; mis ojos brillarán siempre al sentirse reflejados en el espejo de una existencia basada en el principio de que lo único que queda y lo único importante es “amar en todas sus expresiones”.
Sé con humildad que esto no lo conseguiré jamás, pero quiero caminar por esta senda en la que uno se encuentra conmigo mismo y con aquellos que me rodean en este juego de relaciones donde la aspiración a una ilusión cuenta tanto o más que una realidad patente. Porque no hay sendas en el horizonte y cada rayo del sol que se está poniendo cruza el firmamento que está ante mis ojos como realidad de “aquello que siempre queda”.
1 comentario:
Me ha gustado especialmente. Saludos, Arantxa
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