Dejando la ciudad a mi espalda suelo buscar en mis momentos de soledad el camino que me conduce a saborear la mezcla del agua, el cielo y la montaña.
Viajo allí en días de sol radiante y también cuando el gris encapotado de un cielo opaco llora lágrimas frías que mojan mi alma.
Abandono mi mundo de frenética carrera y dejo guardadas en el cajón las preocupaciones y satisfacciones diarias para caminar por el bello mundo de mis interioridades.
Veloz cruzo los pueblos que bordean la ciudad y de repente surge ante mí el muro de piedra que encierra el misterio de las aguas.
Asciendo hasta situarme en su borde y ahí está quieto el caudal artificial remansado que da nombre al lago de mis pensamientos y sentimientos.
Miro al cielo y contemplo el marco cristalino u opaco del momento. Y según el día me cruzo con un sol radiante que brilla entre las nubes; o con un gris lleno de matices que sangra lágrimas de lluvia.
El agua del pantano está a mis pies contenida por este ancho muro de piedra que no le deja escapar. Sucede igual con mis pensamientos que son remansados y sujetados por el muro de mi sensatez. ¡Cuántos misterios nadan en sus profundidades!
He visto días de desembalse en el que las compuertas entreabiertas dejan escapar una cascada violenta de agua contenida hacia el vacío del antiguo surco del río.
Hoy el agua está en calma y brilla temblorosa en los pequeños vaivenes de este viento primaveral. Los matices de ese cristal en continuo movimiento me recuerdan la inmensidad del mar.
Nacidas del borde de las aguas, las colinas zigzagueantes jalonan el paisaje con tonos ocres y verdes que se esparcen ante mi mirada. Siento la vida que surge desde las profundidades.
No me preguntéis por qué; pero necesito vivir continuamente estos remansos en el camino para respirar profundo e hinchar mis pulmones de esta esencia de mí mismo. Allí, en esta lejanía de lo cercano, siento dejar de latir el segundero de mi reloj y el compás del tiempo lo marca el tic-tac de mi corazón.
Viajo allí en días de sol radiante y también cuando el gris encapotado de un cielo opaco llora lágrimas frías que mojan mi alma.
Abandono mi mundo de frenética carrera y dejo guardadas en el cajón las preocupaciones y satisfacciones diarias para caminar por el bello mundo de mis interioridades.
Veloz cruzo los pueblos que bordean la ciudad y de repente surge ante mí el muro de piedra que encierra el misterio de las aguas.
Asciendo hasta situarme en su borde y ahí está quieto el caudal artificial remansado que da nombre al lago de mis pensamientos y sentimientos.
Miro al cielo y contemplo el marco cristalino u opaco del momento. Y según el día me cruzo con un sol radiante que brilla entre las nubes; o con un gris lleno de matices que sangra lágrimas de lluvia.
El agua del pantano está a mis pies contenida por este ancho muro de piedra que no le deja escapar. Sucede igual con mis pensamientos que son remansados y sujetados por el muro de mi sensatez. ¡Cuántos misterios nadan en sus profundidades!
He visto días de desembalse en el que las compuertas entreabiertas dejan escapar una cascada violenta de agua contenida hacia el vacío del antiguo surco del río.
Hoy el agua está en calma y brilla temblorosa en los pequeños vaivenes de este viento primaveral. Los matices de ese cristal en continuo movimiento me recuerdan la inmensidad del mar.
Nacidas del borde de las aguas, las colinas zigzagueantes jalonan el paisaje con tonos ocres y verdes que se esparcen ante mi mirada. Siento la vida que surge desde las profundidades.
No me preguntéis por qué; pero necesito vivir continuamente estos remansos en el camino para respirar profundo e hinchar mis pulmones de esta esencia de mí mismo. Allí, en esta lejanía de lo cercano, siento dejar de latir el segundero de mi reloj y el compás del tiempo lo marca el tic-tac de mi corazón.
2 comentarios:
Me ha gustado mucho.
Un saludo.
txemi
Embalses, esos mares dulces, interiores, con un oleaje de juguete.
Kilómetros de costas alejados de toda corrupción urbanística, contenedores de pueblos y almas en el olvido.
Y lo dice un vecino de esas obras que pirraban tanto al Caudillo...
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