La semana derivaba en la monotonía de cada día. Había caído el difícil lunes y el resto era ya un coser y cantar. Pero de vez en cuando te asaltan momentos de luz en los que una idea, una palabra o una mirada te sacan de la línea monótona de la cotidianidad y puedo ver ese reflejo de un sol incandescente que ilumina por un segundo todo a mi alrededor.
Esta vez me dijeron: “En la vida tú construyes sólo una parte, porque hay otra parte que no la puedes controlar. Esa parte son las personas con las que te cruzas, con las que entras en contacto cada día. Ahí está la sorpresa y la novedad de cada momento”.
Sonó extraño a mi mente racional en la que todo tiene un orden, un porqué y un sentido. Pero en el fondo, mi corazón me dijo que era verdad, que aquello que escuchaba era cierto.
“Soy yo y mis circunstancias”. Y en esas circunstancias el tesoro más preciado es aquel que se cruza en mi mirar; es aquel sonido de pasos que camina a mi lado; y es aquella palabra que escuchan mis oídos como un susurro cercano.
Había dicho hace unas líneas que “nunca fui tan yo mismo”. Pero me doy cuenta que a mí me construye también y sobretodo aquel que se cruza en mi vida cada día, aportando esa sorpresa que causa extrañeza a mi razón y hace saltar a mi corazón.
Eso es incontrolable en cierta forma porque no lo elijo. Es incontrolable porque ya no es un pensamiento sino dos los que se mezclan en miradas cruzadas.
Las miradas modifican aquello que miran. ¡Qué milagro el de las miradas que se cruzan modificándose mutuamente!
Entonces, el sol vuelve a nacer, pero ya es distinto, porque volverán a existir las sorpresas vivas que van apareciendo en el camino y que me hacen volver mi corazón hacia arriba y decir: “Gracias por este continuo guiño; gracias por esta continua sensación de novedad que inunda mi existencia modificada por aquellos ojos que me miran hasta penetrar en mi corazón”.
¿Os acordáis de los cuentos que nos hacían soñar de pequeños? ¡Qué habría sido de Pulgarcito si los pájaros no hubiesen comido las migas que él había puesto en su camino para garantizarse una vuelta al hogar! A veces somos como Pulgarcito; vamos dejando tras de nosotros un rastro de racional seriedad equilibrada, grano a grano, miga a miga, que nos garantice tener la perspectiva de cara al pasado y la seguridad de cara al futuro. Pero, he aquí que en nuestro camino hay multitud de pájaros que en su cercanía amorosa comen nuestras migas y modifican nuestro racional pensamiento, haciendo que cada paso sea un paso nuevo; tal vez en el vacío de lo imprevisible, pero en la belleza de lo novedoso. Como decía el poeta: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Y cada día soy más consciente de que hay gente que camina junto a mí tendiéndome su mano. Es la sorpresa de cada momento; la sinrazón de un sueño hecho mirada modificadora.
Esta vez me dijeron: “En la vida tú construyes sólo una parte, porque hay otra parte que no la puedes controlar. Esa parte son las personas con las que te cruzas, con las que entras en contacto cada día. Ahí está la sorpresa y la novedad de cada momento”.
Sonó extraño a mi mente racional en la que todo tiene un orden, un porqué y un sentido. Pero en el fondo, mi corazón me dijo que era verdad, que aquello que escuchaba era cierto.
“Soy yo y mis circunstancias”. Y en esas circunstancias el tesoro más preciado es aquel que se cruza en mi mirar; es aquel sonido de pasos que camina a mi lado; y es aquella palabra que escuchan mis oídos como un susurro cercano.
Había dicho hace unas líneas que “nunca fui tan yo mismo”. Pero me doy cuenta que a mí me construye también y sobretodo aquel que se cruza en mi vida cada día, aportando esa sorpresa que causa extrañeza a mi razón y hace saltar a mi corazón.
Eso es incontrolable en cierta forma porque no lo elijo. Es incontrolable porque ya no es un pensamiento sino dos los que se mezclan en miradas cruzadas.
Las miradas modifican aquello que miran. ¡Qué milagro el de las miradas que se cruzan modificándose mutuamente!
Entonces, el sol vuelve a nacer, pero ya es distinto, porque volverán a existir las sorpresas vivas que van apareciendo en el camino y que me hacen volver mi corazón hacia arriba y decir: “Gracias por este continuo guiño; gracias por esta continua sensación de novedad que inunda mi existencia modificada por aquellos ojos que me miran hasta penetrar en mi corazón”.
¿Os acordáis de los cuentos que nos hacían soñar de pequeños? ¡Qué habría sido de Pulgarcito si los pájaros no hubiesen comido las migas que él había puesto en su camino para garantizarse una vuelta al hogar! A veces somos como Pulgarcito; vamos dejando tras de nosotros un rastro de racional seriedad equilibrada, grano a grano, miga a miga, que nos garantice tener la perspectiva de cara al pasado y la seguridad de cara al futuro. Pero, he aquí que en nuestro camino hay multitud de pájaros que en su cercanía amorosa comen nuestras migas y modifican nuestro racional pensamiento, haciendo que cada paso sea un paso nuevo; tal vez en el vacío de lo imprevisible, pero en la belleza de lo novedoso. Como decía el poeta: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Y cada día soy más consciente de que hay gente que camina junto a mí tendiéndome su mano. Es la sorpresa de cada momento; la sinrazón de un sueño hecho mirada modificadora.
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