20.6.06

La verdadera alegría.

Hace ya unos siglos Erasmo de Róterdam afirmó que “la verdadera alegría nace de la buena conciencia”.

Me he encontrado casualmente hoy con esta frase y me ha hecho pensar. He vuelto a releer alguno de los textos que escribí hace ya unos meses (“Conócete a ti mismo”, “Sé tú mismo” y “La libre coherencia”). En ellos, casualmente hablaba de la felicidad, como expresión plena de una alegría realizada.

La felicidad nace del interior de cada uno, donde hay que entrar a conocerse. Pero este conocimiento de uno no se basa en apagar las voces de fuera y quedarnos en el silencio interior. Nuestro corazón es como un pozo al que para buscar el agua no debemos descender por el brocal unos cuantos metros al interior; sino que debemos sacar fuera esa agua para poder beberla junto a las piedras del camino. Conócete a ti mismo.

Además esta felicidad que encontramos en el agua extraída de nuestro pozo es nuestra propia grandeza. Una grandeza única, inmensurable e incomparable. Por ello hay que ser siempre uno mismo; la esencia de nuestra intimidad. Es lo que nos hace únicos e irrepetibles en este mundo demasiado estudiado estadísticamente por el número. Sé tú mismo.

Y esa felicidad de conocerse, de darse y de ser algo único nos lleva a la coherencia libremente elegida. No a la regla estricta que nos pesa, sino a la consecuencia libre de disfrutar cada momento vivido desde un matiz diferente. La libre coherencia.

“La verdadera alegría nace de la buena conciencia”; del conocimiento, de la individualización y de la coherencia. Esto nos dará paz. Paz y serenidad más allá de las equivocaciones. Y seguramente frutos a nuestro alrededor que maravillosamente nos sorprenderán a cada paso de nuestra vida.

El pozo, este brocal inerte que sobresale en la llanura de mi vida, tiene en su interior el agua que sacia, que refresca, que sana y que germina. Basta proponerme dejar caer en su interior el pequeño cubo que tengo en mis manos. Tirar con fuerza, sacarlo, darle un sorbo y lanzar el resto de agua a mi alrededor. Poco a poco, con la constancia del que gana perdiendo y pierde ganando, surgen flores nuevas que en una mañana de mayo se abrirán y serán tulipanes, jazmines y rosas, que perfumarán el aire que me rodea. Todo tendrá entonces el perfume de la sinceridad vivida. Y mi alma rebosará llena de alegría y felicidad nacida de la buena conciencia, tal y como Erasmo dijo en su sentencia hace ya unos siglos.

No hay comentarios.: