5.6.06

www.nanorrelatos.com

Llegado el medio centenar de relatos miro hacia atrás y veo una hilera de cuentos que comenzaron un día con una visita al zoco. El cuarto relato supuso un paso adelante que avanzaba hacia horizontes sin final. Más tarde surgió casualmente el nombre de nanorrelatos. Reconozco que tengo escrito incluso el último para ser usado cuando sienta que no puedo exprimirme más. Pero hoy estamos aquí; con medio centenar de pequeños cuentos a las espaldas. No lo hubiera predicho nunca. Pensaba que tenía menos cosas por decir.

Ha habido momentos en los que pensaba si a la hora de escribir era más importante la forma o el contenido. Gente se ha acercado a mí y me ha dicho: “escribes bien”; otra gente me ha dicho: “me gusta lo que dices; ves cosas increíbles en lo más pequeño”.

Diré un secreto. Tenía miedo a la página en blanco; a no encadenar dos palabras seguidas; a repetir las metáforas y resultar pedante. Pero sobre todo tenía miedo a no tener nada que contar.

Uno cuando quiere escribir un libro pensaría en documentarse en una gran biblioteca; en viajar a África y tener experiencias extraordinarias… Sin embargo yo en estos seis meses he seguido haciendo lo que hacía; he seguido viviendo en la cotidianidad de la rutina y he luchado contra el estrés de la falta de tiempo.

Aún así han nacido 50 historias. Unas como invenciones de pensamientos transformados en realidades; otras como vivencias detrás de la cotidianidad que miramos de soslayo; otras como sentimientos hondos del fondo de mi corazón.

Sé que soy intimista; que he llegado a contar secretos que no me atrevería a decir de palabra. Sé que he visto reflejos en las cosas más absurdamente pequeñas. Sé que he buscado vuelta a la esquina de realidades concretas. Sé que he afrontado historias pasadas, presentes y futuras.

Y tal vez sólo yo conozco las claves que descifran cada pensamiento.

Porque como alguna vez he dicho, en mis historias se puede leer el cuentecillo o se puede ver aquello que sustenta la palabra, aquel aire transparente que sólo lo notas con los sentidos interiores.

Hoy nace el nanorrelato 50, y con él la nueva dirección de encuentro, donde sorprendentemente se abre a un mundo etéreo pero infinito. Es el fruto de lo hecho, y la semilla de lo que comienza a germinar.

Hoy estoy aquí. Y sobre el blanco ha quedado coloreado aquello que nadie nunca había dicho con mis palabras. La historia me esperó para poder pronunciarlas. Y aunque el mensaje es viejo y repetitivo, el brillo de los ojos es nuevo cada día cuando el sol de un amanecer nace en el horizonte.

Hoy estoy aquí por lo que soy, por lo que fui, y por lo que seré. Y cada pensamiento, cada idea, cada palabra balbuceada es el eco de una sinfonía que suena en mi interior. Nunca podré hacerla sonar, porque no tengo ni tanto instrumento musical ni tanto portento entre mis manos; pero sí puedo humildemente tararearla.

Eso es lo que son mis nanorrelatos, un simple tarareo que resuena en el silencio.

2 comentarios:

Fer dijo...

Enhorabuena por ese medio centenar, por esas cinco decenas o por esas cincuenta realidades que ahora cumples.
El vértigo del papel (o pantalla) en blanco es algo que todos, sin excepción aparente, compartimos. Pero querer es poder, y mientras queden ideas crearemos historias, de ficción o no: tras casi medio millón de años, conservamos la palabra, todavía no la hemos gastado.
Porque la palabra es, en estos tiempos cibernéticos, espejo del alma de cada uno. Y a través de ella se atisban nuestros biorritmos, nuestras necesidades, nuestro día a día.
Sea intimista o no, personal o ajeno, todo relato conjuga continente y contenido. A cada uno de nosotros nos corresponde orientarlo con la veleta de las emociones, sin miedo a ser devastados por el huracán.
Ánimo, Jorge, y a por el centenario.

Anónimo dijo...

Jorge, ¡enhorabuena! por esos 50 nanorrelatos que he leído, mejor dicho sumergido y empapado de cada palabra.
Gracias y a por los 100, ya quedan menos...
Un fuerte abrazo,
TONI