27.7.06

El minuto.

Miro al reloj y el segundero rápido marca su latido constante girando en la esfera blanca numerada. Tic, tac, tic, tac.

Cada vuelta sobre sí mismo es un minuto de mi existencia. Un minuto que pasa. Un minuto que nunca vuelve. Un minuto que vivo. Un minuto que empieza, se desliza, se consume y se apaga.

Ha girado una vez más y me surgen preguntas.

¿Dura igual un minuto de alegría que un minuto de tristeza?

¿Es igual un minuto de conciencia que de inconsciencia?

¿Duran lo mismo un minuto de sueño que de vida?

¿Son iguales los minutos de día que de noche?

¿Dura igual un minuto de conversación que de silencio?

¿Un minuto de calor es igual que uno de gélido frío?

¿Son iguales los minutos de pensamiento que de acción?

¿Un minuto de inquietud y espera es igual a un minuto de prisa y agobio?

¿Un minuto de paz es tan largo como un minuto de tensión?

¿Es igual un minuto de soledad que uno de amor?

Preguntas sin respuestas; sensaciones contradictorias. Pero he aquí que el segundero ha seguido avanzando y una vez más ha girado sobre sí mismo.

Impasible, silencioso ha transcurrido otro minuto de mi existencia. Un minuto que he vivido, que he soñado, que he sentido. Un minuto que he gozado, que he sufrido, que he llorado, que he sonreído. Un minuto que era futuro, voló por el presente y es ahora pasado irretornable.

Ha pasado un minuto más de mi vida ante mis ojos, ante mi mente, ante mis manos, ante mi alma y ante mi corazón.

1 comentario:

Fer dijo...

¿Y un segundo? ¿Qué supone un segundo? O una hora, o un día. Por no hablar de semanas, meses y años.
No sé quién dijo (me falla la memoria, culpa del calor) que, por acontecimientos, cada década del siglo XX equivalía a un siglo anterior cualquiera. Tendríamos un siglo de diez siglos, prueba de lo rápido -o lo lento, depende del cristal- que pasa el tiempo.
Todo es relativo. Más aún lo es el tiempo. Y no es cosa mía, sino de Einstein.