19.9.06

Hoy era mañana.

Después de escribir el nanorrelato anterior recibí un mensaje en mi teléfono móvil que decía algo así como:

“Hoy” he leído tu nanorrelato número 69 y te quería dar las gracias Jorge porque me ha llenado. Aunque sé que “ayer” no existe, el otro día te ví un poco “ploff” y me quedé preocupado. Si te sirve de algo, te quería decir que me gustaría tomarme un café contigo “mañana” o cuando sea. Ya sé que me dirás que “mañana” tampoco existe…”

Os cuento este mensaje personal por un detalle. Lo recibí a las 23:59 minutos del “hoy” del nanorrelato 69 y no me pareció casualidad.

Fue un relámpago y se me iluminó, como con un rayo, mi alma.

En un minuto más el “hoy” del que hablaba en el nanorrelato 69 dejaba de existir y se convertía en ayer.

En un minuto más el “mañana” que no existía se convertía en un nuevo “hoy”.

Eran las doce de la noche. Era la línea de tránsito entre lo que es y pasa a ser lo que fue, y lo que no es y pasa a ser lo que es.

Hoy es un nuevo hoy; tal vez parecido al de ayer, pero sutilmente nuevo.
Hoy soy yo; y yo soy hoy. Hoy no me llamo Jorge, me llamo Hoy. Pero con la convicción de que ese hoy es algo distinto y Jorge, gracias a los cimientos del ayer, de la suma de muchos hoy que han sido vividos, sigue siendo el mismo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Carpe Diem Jorge...disfruta del presente, de cada "HOY" que Dios nos regala...de las personas que llenan e iluminan ese HOY y hacen olvidar tormentas pasadas.

Besines!!