Me gustaría escribir un cuento de princesas, de zapatos perdidos y reencontrados, de casas de chocolate y caperuzas rojas que recogen bayas en los bosques idílicos de Europa.
Me gustaría escribir un cuento de finales de boda y “vivieron felices y comieron perdices”; de alegrías de reencuentros; de besos apasionados; de Marco encontrando a su madre y de Heidi recorriendo curiosa las altas praderas de los Alpes.
Me gustaría contar las estrellas, y sentir el guiño de cada una de ellas.
Me gustaría abrir mi ventana hacia fuera y sentirme deslumbrado por ese sol maravilloso que cruza el horizonte.
Me gustaría ver las hojas que caen en este cada vez más cercano otoño y sentir la orquesta del viento que mece en la espesura de estos bosques cercanos.
Me gustaría sentir en mi cara esa pequeña lluvia pertinaz que deja en mi rostro la neblina en una noche blanca adelantada.
Me gustaría sentarme en Gaztelugatxe y contemplar el mar, y sentir su frescor salado en mi mejilla y gozar con el ruido de unas olas que chocan con el acantilado. Me gustaría ver el horizonte y pintar en mi alma los rayos rojos de ese sol de atardecer.
Me gustaría pisar Roma y gozar con el aire nostálgico de la ciudad eterna. Me gustaría saborear Firenze y ver junto con el sol del ocaso ese Ponte Vecchio duplicado en reflejos en las tranquilas aguas del Arno.
Me gustaría soñar. Me gustaría vivir de ilusiones. Me gustaría escuchar el sonido cantarín de un pájaro posado en el árbol que me cobija. Me gustaría sentir crecer ese árbol de mi vida. Me gustaría ser ese árbol; vivir y sentir la savia en mis venas; y emocionarme con el canto del pájaro de mis ilusiones posado en mis ramas.
Me gustaría que mis ojos brillasen. Me gustaría sonreír. Me gustaría llorar de alegría. Me gustaría sentirme inmensamente feliz y pensar en el mañana.
Me gustaría…
Y hoy; hoy es eterno. Hoy es lo único. Hoy es el segundo fijo en el reloj que marca mi ritmo. No existe ayer. No existe mañana. Sólo hoy.
Hoy me llena y me vacía. Hoy me inunda y me remueve. Hoy me tiende su mano y me abandona.
Hoy no suspiro, simplemente respiro. Hoy no hablo ni canto, simplemente musito. Hoy no me emociono, sólo tiemblo tiritando. Hoy no razono, tan sólo pienso.
Hoy esta aquí, en todas partes, en toda soledad y todo acompañamiento.
Me gustaría poder hablar de tantas cosas… y sin embargo parece que mi diccionario mental ha desaparecido y lo abra por donde lo abra aparece siempre la misma palabra: Hoy.
Hoy soy yo; y yo soy hoy. Hoy no me llamo jorge, me llamo Hoy.
18.9.06
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1 comentario:
"Hoy entiendo lo que soy, /
tengo claro dónde voy, /
hoy, ya no quiero arreglar, /
hoy, me he despertado, /
hoy, lo que he dormido ayer, /
lo que he gastado, hoy, /
lo que ha empezado ayer. /
Hoy por ayer".
(Los Piratas, Hoy por ayer.
Viene al pelo, ¿no?
Adelante, Jorge. Recuerda que tras cada "hoy" viene un "mañana".
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