12.10.06

Y tú, ¿qué eliges?

Hace unas semanas un amigo me contó que quería cambiar de vida; que no le gustaba lo que veía y que quería sentir la libertad de renovarse de cara y cambiar tal vez de aires.

Es verdad que a veces vivimos presos de esa imagen que nos hemos creado y que tanto uno mismo como los que estamos al lado nos mantenemos en la etiqueta de aquello que siempre ha sido así.

Es verdad que a veces sorprendemos a los que están ahí y ves ojos que brillan de incredulidad ante una palabra, un gesto, una actitud o una omisión.

Mayor es la sorpresa de quien se sorprende a sí mismo y una mañana ve reflejado en el espejo unos ojos extraños que le miran y que profundizan en la pupila de quien es reflejo y reflejado a la vez.

Aquella conversación me hizo pensar. Me hizo volverme a mí mismo y a aquello que yo sentía y surgió rápidamente una pregunta: “Y tú, ¿qué eliges?”

¿La vida es elección?

Hace unos meses leí un libro en el que se hablaba de la monotonía y de la rutina como causa de infelicidad y de ruptura con la propia existencia. Otras veces he pensado, sin embargo, que la propia monotonía y la rutina nos marcan un hilo de historia que nos mantiene vivos.

Es curioso, pero a la vez aquello que nos hace sufrir nos mantiene vivos.

Inesperadamente surgió una idea que se la comenté a mi amigo: “Puedes hacer la maleta u ordenar el armario”.

Hacer la maleta supone coger lo indispensable porque todo no cabe en esos veinte kilos que te dejan llevar en avión si es que quieres ir lejos. Si tu elección es el autobús, te diré que hace poco vi cómo un autobús hacia Madrid estaba lleno de maletas por lo que alguna compañía ya sólo te deja llevar dos maletas… Hacer la maleta. Habría que elegir qué es lo indispensable y lo importante y qué debe permanecer. Además en esa maleta siempre habría que tener un espacio para los propios pesos que siempre nos acompañan vayamos donde vayamos.

Hacer la maleta y partir. Caminar hacia lo desconocido y volver al punto de inicio de este juego de la oca, pero ya con el cansancio de lo andado. Caminar en soledad y volver a tirar los dados de la vida.

Se puede ordenar el armario. ¿Quién no ha abierto el armario buscando una camisa y se ha encontrado con que las cosas en su habitual desorden no son encontradas? Lo que está en desorden ocupa el doble.

Ordenar el armario. Es una tarea de paciente constancia. Hay que doblar el pantalón del domingo; pero también el del lunes. Hay que deshacerse de la ropa vieja que nunca nos ponemos. Habrá que buscar el comprar nuevas cosas que tal vez nos falten.

Ordenar el armario es volverse a uno mismo y en silencio comenzar desde lo más pequeño (desde los calcetines) a buscar el propio equilibrio interno. Es volverse hacia la propia historia, resumirla y aceptarla, y sobre todo quererla. Es tener enfrente todo el presente y comenzar a trazar las líneas de cómo quiero que sea dibujado. Es tener delante el futuro y comenzar manos a la obra sin grandes estridencias.

Ordenar el armario costará más que hacer una maleta de veinte kilogramos. Tal vez sea instantáneamente más fácil cerrar la puerta de golpe y no mirar hacia atrás en ese miedo insensato de convertirnos en estatuas de sal. Pero caminar por el desierto es a la larga demasiado árido.

Ordenar el armario es lento y los frutos no se ven hasta pasado un tiempo. Pero no hay nada como poder invitar a aquellos a los que quieres a que pasen y vean tu habitación; esa habitación donde sueñas; y a que abran el armario de tu vida y en un vistazo puedan deleitarse con el espejo de tu propia vida.

Dime. Tú, ¿qué eliges?

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Éste me ha gustado especialmente, como el de "decir sí".

Anónimo dijo...

El camino hacia lo más y más espeso es el tuyo y tu devenir, hay que mirar dentro, pero que muy dentro para ver todo esto que se te ocurre; y me pregunto, ¿todos tenemos éstas cosas o tu eres de otro hierro?... de cualquier modo no parece malo, ¿no?

Anónimo dijo...

cuanta razon tienes...y q poco caso te hago...sigo sin coger el avion y sigo sin hacer la maleta...pero bueno...sigo caminando...que no es poco...espero poder encontrar pronto el punto de destino...mientras tanto..seguire girando en esta noria, mareado y desconcertado!!! a seguir bien!! bikos y carpe diem!

Anónimo dijo...

Hola Jorge!!!

Hoy he vuelto a releer este nanorrelato y me ha dicho dos cosas: una, yo elijo hacer la maleta porque eso supone coger cuatro cosillas sabiendo que vas a volver, ya que ordenar el armario a parte de mirarse por dentro supone también mirar hacia atras, teniendo que tirar ropa vieja lo que supone cerrar puertas y olvidarse del pasado y eso a veces cuesta si del pasado se tienen buenos recuerdos. Aunque una vez que se consigue pasar ese mal rato, uno coje se va de compras y se abre una puerta a la esperanza y a un nuevo futuro.

Un abrazo.
Iván.