“Ser o no ser, esa es la cuestión”.
¿Quién ha leído con detenimiento el monólogo de Hamlet? ¿Quién sabría enlazar esa primera frase con las palabras posteriores?
“Ser o no ser, esa es la cuestión:
si es más noble para el alma soportar
las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades
y darles fin en el encuentro”. Morir: dormir,
nada más.” (…)
El príncipe danés se ve dominado por el destino que le aboca a la soledad y la disyuntiva entre el ser (soportar el destino) o no ser (elegir el propio destino del final). Nada en el pesimismo de la tristeza hecha materia.
“Morir: dormir, nada más”. Y el soñar se hace una pesadilla patética manchada en el cielo gris de Dinamarca donde se mezcla lo existente con el espectro que se le aparece para derivarle en su destino cruel hacia la copa de la muerte.
Ser o no ser, no es la cuestión. Es nuestra propia definición.
“Querer ser o no querer ser, esa es la cuestión verdadera”.
Soñar y sentir, y sonreír a una vida hecha sueño que se mece en las notas de una sinfonía alegre que canta a la vida hecha realidad.
Sonreír y elegir. Elegir entre la disyuntiva de un cielo gris o un azul bondadoso y brillante que finaliza en el mar.
Elegir y querer. Y querer ser definido en una historia positiva que alcanza la eternidad.
Y así, en esa nueva definición de un monólogo cantado en soledad se podrán escribir nuevas páginas de vida, siendo un nuevo Hamlet que sonríe.
“Querer ser o no querer ser, esa es la cuestión:
si es más noble para el alma elegir
la sinrazón de una indecisión hecha locura
o nadar en el seno de un mar de infinita presencia
y eternizarse en la existencia. Vivir: soñar,
¿Podría existir algo más?” (…)
Sin duda elegir. Elegir querer ser y demostrar que el brillo de los ojos es la alegría hecha materia de una vida soñada. ¿Podría existir algo más?
¿Quién ha leído con detenimiento el monólogo de Hamlet? ¿Quién sabría enlazar esa primera frase con las palabras posteriores?
“Ser o no ser, esa es la cuestión:
si es más noble para el alma soportar
las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades
y darles fin en el encuentro”. Morir: dormir,
nada más.” (…)
El príncipe danés se ve dominado por el destino que le aboca a la soledad y la disyuntiva entre el ser (soportar el destino) o no ser (elegir el propio destino del final). Nada en el pesimismo de la tristeza hecha materia.
“Morir: dormir, nada más”. Y el soñar se hace una pesadilla patética manchada en el cielo gris de Dinamarca donde se mezcla lo existente con el espectro que se le aparece para derivarle en su destino cruel hacia la copa de la muerte.
Ser o no ser, no es la cuestión. Es nuestra propia definición.
“Querer ser o no querer ser, esa es la cuestión verdadera”.
Soñar y sentir, y sonreír a una vida hecha sueño que se mece en las notas de una sinfonía alegre que canta a la vida hecha realidad.
Sonreír y elegir. Elegir entre la disyuntiva de un cielo gris o un azul bondadoso y brillante que finaliza en el mar.
Elegir y querer. Y querer ser definido en una historia positiva que alcanza la eternidad.
Y así, en esa nueva definición de un monólogo cantado en soledad se podrán escribir nuevas páginas de vida, siendo un nuevo Hamlet que sonríe.
“Querer ser o no querer ser, esa es la cuestión:
si es más noble para el alma elegir
la sinrazón de una indecisión hecha locura
o nadar en el seno de un mar de infinita presencia
y eternizarse en la existencia. Vivir: soñar,
¿Podría existir algo más?” (…)
Sin duda elegir. Elegir querer ser y demostrar que el brillo de los ojos es la alegría hecha materia de una vida soñada. ¿Podría existir algo más?
3 comentarios:
No sabía que Jorge Palma había escrito Hamlet. Víctor.
no sé si es muy tarde y estoy espesa, pero se me ha hecho difícil
de entender
Hacer de la realidad ese sueño que brille en los ojos y que merezca la pena vivir... ardua y constante aventura que se hace al caminar.
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